o vuestra ciudad será arrasada por los hijos de Perseo,
o no lo será.
De no serlo,
lloraréis la muerte de un rey de la estirpe de Heracles.
Al invasor no lo detendrá ni la fuerza de toros o leones,
pues posee el poder de Zeus.
Proclamo que no se detendrá hasta haber acabado
con una u otro.
Oráculo de Delfos.
-Mi Señor Jerjes le ofrece ser el Dueño de toda Grecia si no se opone al ejército persa. -Si tuviérais alguna nobleza, os abstendríais de codiciar las posesiones de otros. Para mí, morir por Grecia es mejor que ser el único gobernante de la gente de mi raza. -Insistimos en que entreguen sus armas. -Venid y cogedlas.
Encuentro entre el emisario de Jerjes y Leónidas de Esparta.
Herodoto.
Oh, extranjero, informa a Esparta que aquí yacemos todavía obedientes a sus órdenes.
Llegamos a las tierras de los cíclopes soberbios y sin ley quienes, confiados en los dioses inmortales, no plantan árboles ni labran los campos. No tienen ágoras, ni leyes tampoco, sino que viven en las cumbres de altos montes.
Todo él era reluciente, por el brillante oro. En el centro había una serpiente terrible, indecible, mirando hacia atrás con ojos que lanzaban destellos de fuego.